José Luis hace algunos días fue a ver una exposición en la galería de la SHCP, la verdad es que en su momento no se sorprendió gratamente con los grabados que estaban ahí, excepto dos de ellos, uno de los cuales acompaña a esta anotación. Algún par de días después, mientras en una calle empedrada del centro de la Ciudad de México trataba de obtener una foto donde se observa como la luz del atardecer delineaba las piedras, y este tramado de líneas se perdían en el horizonte delineando a su vez la calle, se dio cuenta que los otros grabados también tenían un cierto grado de belleza desde su punto de vista. Las líneas y trazos que definen al objeto y a su entorno son agradables cuando estos son por momentos indisolubles pero a la vez claramente distintos.
Él pensó muchas cosas más en lo que esperaba el momento adecuado para tomar la foto, encontrar el momento adecuado es una labor por demás complicada en su caso, que tiene la obsesión de tomar fotos donde no aparezcan personas o incluso autos como era el caso, aunque en esta ocasión se permitió la licencia de considerar como inoportunos sólo los autos en movimiento lo cual sólo mejoraba medianamente la situación dado que la calle cruzaba a su vez muchas otras, pero esas no vienen al caso, salvo como un medio para acompañar su obsesión. Y así justo es como trabajan las líneas de los grabados mencionados y de las piedras en el atardecer, en realidad son sólo acompañantes de algo más, pero indisolubles de ello.

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