Entries from September 2006 ↓
September 21st, 2006 — opinión
José Luis se ha dado cuenta de que no tiene idea de que platicar con las personas. Err… más bien con algunas personas.
Él piensa que al convivir con personas que la mayor parte del tiempo usan la comunicación como un medio para transmitir solamente cosas importantes o datos útiles es lo que ha originado esta situación.
Claro, ese no es el único motivo que conduce a tal situación, contribuyen en gran medida que él no tiene grandes dotes sociales, que no se interesa mucho por la denominada cultura popular –lo cual reduce enormemente los temas de conversación con algunas personas–, y cierta sensación de que hay pocas cosas realmente importantes de que platicar.
Ahora bien, él cree que el problema se agudiza cuando las otras personas sólo hablan con él de esa manera. Esta fue la conversación que sostuvo hace algunos días:
–¿Qué cuentas de nuevo?
–Pues nada. Todo igual.
–Mmmm… ¿Todo igual?
–Pues sí, así es.
–Ahhh Más bien ¿Qué hay de nuevo?
–Nada.
–Quiero decir ¿A dónde has ido últimamente, alguna exposición interesante, un concierto…?
–Ahhh, -Deteniéndose a pensar que tal vez no es prudente ponerse a discutir que significa interesante, que tal vez lo que a él le parece interesante a su interlocutor no le parezca, esta chispeando y quiere terminar esta conversación rápido.- Pues el fin de semana fui a una exposición acerca de Leonardo Da Vinci. La exposición trata de los instrumentos musicales que él diseño, algunos de ellos han sido reproducidos, a partir de los códices que él escribió, por Luthiers de prestigio. Si uno va acompañado con un guía es conveniente, por que ellos pueden tocar los instrumentos que hay en la sala y así se pueden escuchar. Uno no puede tocarlos. También hay algunos grabados de anatomía.
–¿Dónde es?
–En el Colegio de San Ildefonso.
–¿Dónde queda?
–A dos cuadras del Zócalo, del lado donde esta la catedral y palacio, en la dirección de esa esquina.
–Bueno ya esta empezando a llover, nos vemos.
–Adiós.
Observan, la conversación se convirtió en un mero intercambio de preguntas, especificas y claras. Esa situación puede ser útil a muchas personas pero a José Luis le resulta un estorbo cuando trata de entablar platica, por ejemplo, con una chica que le guste.
Entonces él se queda callado y no sabe que decir, ni que hacer. Camina a su lado silencioso, se termina el camino, se despide y fin de la historia.
El punto es que si José Luis no aprende a conversar como la mayoría de las personas, es muy probable que no tenga novia en mucho tiempo, o nunca.
Salvo que te interese leer algunos de los pensamientos de José Luis acerca de la exposición puedes terminar de leer aquí.
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September 19th, 2006 — opinión
Hace algunos días José Luis fue a un Sumesa. Para él fue como retroceder 20 años. Estaba muy sorprendido. Los que conocen a José Luis, saben que cuando algo le emociona mucho empieza a hablar y hablar, acto que realiza incluso cuando nadie le acompaña, –a que esa no se la sabían–. Naturalmente lo hizo en su visita al Sumesa, lo que origino que el policía del local lo siguiera discretamente en su paso por cada uno de los pasillos. El vigilante pensó que José Luis estaba drogado al escuchar sus gritos de asombro ante tantas cosas nuevas, ordenamientos extraños y avanzar en zigzag el carrito para potenciar los chirridos que producen las llantas.
Todo estaba ordenado de manera diferente a la que conoce él. Vinos justo enfrente de la sección de salchichonería y lácteos. Junto a los vinos, botanas extrañas y al lado té helado. Anaqueles llenos de velas y pasta para zapatos y uno de puro atún con latas de montones de marcas, incluso encontró un sabor de arenques que no conocía, lo mismo sucedió con el pan integral.
Emparedados de arenque a la sal y pimienta en rebanadas de pan integral con base de avena y trozos crujientes de avellana.
Los colores de los empaques eran algo de otro mundo; abundancia de amarillos, cafés y verdes. Considerando que los productos vienen empacados, seguramente el efecto se logra a base de seleccionar los sabores y presentaciones. Jabones y gelatinas compartían pasillo cara a cara, en sus respectivos tonos amarillos, cafés y verdes.
La sección de panadería eran dos cajas de madera y la de carnes rojas estaba tapizada de espejos. La carne era demasiado oscura, alguna con tintes verdes; al ver eso José Luis recordó los supermercados españoles –cosa por demás extraña considerando que él nunca ha estado en España– y desconfiando de la calidad de las cosas que venden en ellos prefirió no comprar nada de esa sección ni siquiera el pan congelado. Claro si hubiera encontrado una de esas míticas ruedas de ternera empanizadas, probablemente hubiera cambiado de idea.
Al final de su recorrido brincoteaban en el fondo del carrito, una lata de mangos en almíbar, una botella de salsa bbq, los mencionados arenques con el pan correspondiente, una marca desconocida de arena para gato, un vaso de fresas con crema, te helado con un toque de mandarina, boing de tamarindo, y algún par de cosas que ganaron espacio por el solo hecho de parecerle raras, excepto la botella gigante de desinfectante para agua, que lo es, pero tambien muy cara.
Sucesos como el relatado explican por que José Luis no usa drogas, no lo necesita, la realidad misma le parece suficientemente extraña para divertirse. Claro que el Red Bull ayuda a conocer más secciones de la realidad, así que descontándolo; José Luis no usa drogas de manera habitual.