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Sep 19

En el supermercado

Posted by Luis on September 19, 2006. Filled under opinión.

Hace algunos días José Luis fue a un Sumesa. Para él fue como retroceder 20 años. Estaba muy sorprendido. Los que conocen a José Luis, saben que cuando algo le emociona mucho empieza a hablar y hablar, acto que realiza incluso cuando nadie le acompaña, –a que esa no se la sabían–. Naturalmente lo hizo en su visita al Sumesa, lo que origino que el policía del local lo siguiera discretamente en su paso por cada uno de los pasillos. El vigilante pensó que José Luis estaba drogado al escuchar sus gritos de asombro ante tantas cosas nuevas, ordenamientos extraños y avanzar en zigzag el carrito para potenciar los chirridos que producen las llantas.

Todo estaba ordenado de manera diferente a la que conoce él. Vinos justo enfrente de la sección de salchichonería y lácteos. Junto a los vinos, botanas extrañas y al lado té helado. Anaqueles llenos de velas y pasta para zapatos y uno de puro atún con latas de montones de marcas, incluso encontró un sabor de arenques que no conocía, lo mismo sucedió con el pan integral.

Emparedados de arenque a la sal y pimienta en rebanadas de pan integral con base de avena y trozos crujientes de avellana.

Los colores de los empaques eran algo de otro mundo; abundancia de amarillos, cafés y verdes. Considerando que los productos vienen empacados, seguramente el efecto se logra a base de seleccionar los sabores y presentaciones. Jabones y gelatinas compartían pasillo cara a cara, en sus respectivos tonos amarillos, cafés y verdes.

La sección de panadería eran dos cajas de madera y la de carnes rojas estaba tapizada de espejos. La carne era demasiado oscura, alguna con tintes verdes; al ver eso José Luis recordó los supermercados españoles –cosa por demás extraña considerando que él nunca ha estado en España– y desconfiando de la calidad de las cosas que venden en ellos prefirió no comprar nada de esa sección ni siquiera el pan congelado. Claro si hubiera encontrado una de esas míticas ruedas de ternera empanizadas, probablemente hubiera cambiado de idea.

Al final de su recorrido brincoteaban en el fondo del carrito, una lata de mangos en almíbar, una botella de salsa bbq, los mencionados arenques con el pan correspondiente, una marca desconocida de arena para gato, un vaso de fresas con crema, te helado con un toque de mandarina, boing de tamarindo, y algún par de cosas que ganaron espacio por el solo hecho de parecerle raras, excepto la botella gigante de desinfectante para agua, que lo es, pero tambien muy cara.

Sucesos como el relatado explican por que José Luis no usa drogas, no lo necesita, la realidad misma le parece suficientemente extraña para divertirse. Claro que el Red Bull ayuda a conocer más secciones de la realidad, así que descontándolo; José Luis no usa drogas de manera habitual.

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This entry was posted on Tuesday, September 19th, 2006 at 10:53 am and is filed under opinión. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
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