Sep 21
Sep 21
José Luis se ha dado cuenta de que no tiene idea de que platicar con las personas. Err… más bien con algunas personas.
Él piensa que al convivir con personas que la mayor parte del tiempo usan la comunicación como un medio para transmitir solamente cosas importantes o datos útiles es lo que ha originado esta situación.
Claro, ese no es el único motivo que conduce a tal situación, contribuyen en gran medida que él no tiene grandes dotes sociales, que no se interesa mucho por la denominada cultura popular –lo cual reduce enormemente los temas de conversación con algunas personas–, y cierta sensación de que hay pocas cosas realmente importantes de que platicar.
Ahora bien, él cree que el problema se agudiza cuando las otras personas sólo hablan con él de esa manera. Esta fue la conversación que sostuvo hace algunos días:
–¿Qué cuentas de nuevo?
–Pues nada. Todo igual.
–Mmmm… ¿Todo igual?
–Pues sí, así es.
–Ahhh Más bien ¿Qué hay de nuevo?
–Nada.
–Quiero decir ¿A dónde has ido últimamente, alguna exposición interesante, un concierto…?
–Ahhh, -Deteniéndose a pensar que tal vez no es prudente ponerse a discutir que significa interesante, que tal vez lo que a él le parece interesante a su interlocutor no le parezca, esta chispeando y quiere terminar esta conversación rápido.- Pues el fin de semana fui a una exposición acerca de Leonardo Da Vinci. La exposición trata de los instrumentos musicales que él diseño, algunos de ellos han sido reproducidos, a partir de los códices que él escribió, por Luthiers de prestigio. Si uno va acompañado con un guía es conveniente, por que ellos pueden tocar los instrumentos que hay en la sala y así se pueden escuchar. Uno no puede tocarlos. También hay algunos grabados de anatomía.
–¿Dónde es?
–En el Colegio de San Ildefonso.
–¿Dónde queda?
–A dos cuadras del Zócalo, del lado donde esta la catedral y palacio, en la dirección de esa esquina.
–Bueno ya esta empezando a llover, nos vemos.
–Adiós.
Observan, la conversación se convirtió en un mero intercambio de preguntas, especificas y claras. Esa situación puede ser útil a muchas personas pero a José Luis le resulta un estorbo cuando trata de entablar platica, por ejemplo, con una chica que le guste.
Entonces él se queda callado y no sabe que decir, ni que hacer. Camina a su lado silencioso, se termina el camino, se despide y fin de la historia.
El punto es que si José Luis no aprende a conversar como la mayoría de las personas, es muy probable que no tenga novia en mucho tiempo, o nunca.
Salvo que te interese leer algunos de los pensamientos de José Luis acerca de la exposición puedes terminar de leer aquí.
Ahora bien, el problema con José Luis es que le parece que ha nadie le interesa escuchar lo que él tenga que decir. Alguien quisiera saber que en esta ocasión el San Ildefonso se ha lucido con un excelente trabajo de museografía, que han colocado computadoras al principio de la exposición y que estas, como un dique, han contenido a la marejada de chavitos que solo van por que es tarea de la escuela. Colocaron en distintos pedestales los objetos musicales y la explicación e historia de los mismos, y que nuevamente es en estos últimos donde se concentra la gente permitiendo apreciar con calma los objetos que son motivo de la exposición. Los pedestales por si mismos son la mar de interesantes por que son luminosos y en las fotos salen de un blanco puro que contrasta de manera sumamente agradable con el color de la madera, y que bueno, no todo es maravilla con ellos por que cuesta trabajo seleccionar el tipo de luz que emana de ellos.
Él en la exposición se ha enterado que la conjeturada dislexia de Leonardo Da Vinci se refuerza por su casi constante confundir de donde provienen las notas altas y bajas al describir sus instrumentos, también se enteró de que Da Vinci es el creador de instrumentos de viento de largo variable –y en consecuencia de una caja de resonancia con esa característica– y que estos son precursores de la mayoría de los instrumentos de viento modernos. Le han gustando mucho las figuras de madera con forma de tetraedros, icosaedros estrellados y prismas, las cortinas semitransparentes donde están ejemplos de los dibujos y escritura de Leonardo y una de las cosas que más ha encantado a José Luis es un móvil musical:
En una habitación débilmente iluminada hay una serie de tinas metálicas de diferentes tamaños, en un arreglo en espiral donde la tina más grande esta cerca del centro. A primera vista parecen llenas de agua con color, un examen más atento revela que es luz de color la que desciende exactamente en la circunferencia de cada una de ellas, las tinajas son de color blanco en terminado porcelanizado. Los colores que reflejan cada una de ellas son extraordinariamente brillantes. Una pequeña esfera cuelga, por encima de ellas, al extremo de una varilla que se equilibra con otra esfera de mucho mayor tamaño. Con un pequeño impulso la esfera pequeña vuela y salta de manera caótica sobre las tinajas, por momentos desciende, las toca y vuelve a salir disparada. Al toque las tinajas emiten notas de un sonido bastante puro: uniformes en tono y volumen.
Un móvil musical, que ha José Luis le ha parecido exquisito y que le gustaría tener en una versión más pequeña en la sala de su casa.