Es increíble,
pero
lo que
no lograron meses
y años
de buenos propósitos,
lo logra la maldad
del hombre. En realidad siempre es así.
Desde hace días, el inexorable recorrido del sol y la tierra, y las condiciones atmosféricas se han conjugado para hacerme una mala jugarreta, desde tempranas horas de la mañana el sol cae a plomo sobre la tierra, y despiadadamente llena de calor y deslumbrante luz todo el paisaje. ¡Lo que es más! Mientras el sol corre en su cita con el punto de Aries, cada mañana entra más y más luz por la ventana de la recamara, la cual seguramente se encenderá como el infierno el 21 de marzo. Más la luz era soportable mientras pueda ir a suficiente velocidad sobre Av. Insurgentes para tener viento fresco.
Lo que no es tolerable es la estupidez de los salvajes que sin miramiento alguno azotan las puertas de sus autos contra el mío en el estacionamiento. El punto final fue este viernes cuando de los dos lados encontré nuevas marcas.
Inspeccionando los estacionamientos disponibles entendí por que uno de ellos se llena tan temprano, a pesar de encontrarse casi al final de todos; los espacios son más grandes.
Así que para disminuir la probabilidad de nuevos rayones y puntos en el auto tengo que llegar temprano al trabajo.
Este lunes fue el primer día que por sólo gusto llegue a tiempo, las delicias se hicieron presentes desde que me desperté y la luz del sol apenas entraba indirectamente al departamento; cuando entre al estacionamiento me coloqué al lado de uno que justo llegaba, he mirado disimuladamente hasta que salio de su auto y se alejaba. Su puerta no toco ni por un instante la mía. Como debe ser.
Así es como la estupidez de otros contribuye a que sea mejor persona, llego a tiempo a mi trabajo, desayuno con más tranquilidad y al salir más temprano, trabajo más a gusto en el laboratorio. Además seguramente ya no habrá oportunidad de enojarme por más rayones en el auto.
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