Nov 23
Nov 23
7:00 am
Esta mañana las nubes eran hermosas, un plano infinito de blancos, azules y dorados se desplegaba frente a los rayos del sol. Atrapándolos.
Retazos de nubes coloreados se extienden hasta perderse en el horizonte, como una inmensa sabana. Es el cielo que debe cubrir una larga carretera que debe recorrerse, prometiendo un día que no es nublado, ni de un sol continuamente acosador y quemante. Un día de franjas sombreadas y luminosas. No un día templado sino de forja y templanza.
6:00 pm
La mitad de la luna se recortaba blanca contra un cielo azul claro que pasa por todas las tonalidades al descender la vista al horizonte a lo largo de un camino recortado por las siluetas de los arboles.
En la cima se encuentra la luna con un único lucero como compañero coronando la silueta de las hojas de una palmera, cuyo borde parece vibrar y zumbar al recorrerse arriba y abajo, a un lado y a otro por los bordes afilados como dientes de las hojas. Parece el cielo propio de un cuento árabe.
Bajando la vista, el cielo cambia a un tono gris-violeta-blanco, rodeando las finas hojas y el largo y delgado tronco de otro árbol. Un árbol que me imagino abundante y omnipresente en alguna era geológica posterior al reino de los helechos.
Mientras la mirada desciende al horizonte el tono regresa un azul más oscuro seguido por franjas grises y verdes, mezcladas con manchas de hojas y ramas, terminando en un dorado brillante, brillante.
Las n columnas del techo del pasillo parten de ese punto para encontrarse a mi lado.
Me gustan los colores del cielo.
También me gusta el sonido de mis zapatos cuando camino y como las personas voltean a verme.
Órale, hay partes que me gustan bastante.